miércoles, mayo 05, 2010

Anti-bióticos

Hace unos días me reunía con una dulce mujer. Comenzamos parlando sobre los amores, los nuevos, los viejos, los que terminan y esos que parecieran eternos… la conversación pasó por muchos lugares, fue bastante lejos de ser una típica conversación de chicas sobre eso, sus amores. Después de abandonar los caminos idílicos y pasar por algunos temores corporales que irrumpen con la edad en contingencias cada vez más cortas; teníamos esa necesidad de llegar a las propuestas esperanzadoras, esas que siempre terminan arreglando el mundo en una charla tan larga como el turno del mesero que ya había desistido en atendernos.

 Foto: Colin Mills/BirdLife International

Hoy recordaba esa charla en tanto mi profesor de clases de astronomía hacia una reflexión sobre nuestra existencia en el basto universo estelar. Su reflexión coincidía mucho con la nuestra: Los seres humanos somos los únicos que modificamos nuestro ambiente para la satisfacción de nuestras necesidades tras la destrucción del mismo, algo inevitable. Ahora… ¿es necesario ser tan desmedidos? Con el advenimiento de la propiedad privada y el capital, la socialización de recursos paso a ser utopía de algunos idealistas.

No existe ninguna prueba científica que demuestre la probabilidad de vida en algún otro planeta del sistema solar, ni tampoco en toda la galaxia. Nuestra corta existencia no bastaría para asomarnos si quiera a las fronteras de galaxias vecinas de las cuales estamos separados millones y millones de años luz.

Considerando que este planeta es el único que posibilita la vida tal como la conocemos, volvemos a preguntarnos ¿es necesario ser tan desmedidos? Nuestra respuesta es No. Sin embargo, a pesar de ser muchos los que coincidimos en la negativa, el Sí, lo tiene aquellos pocos que se han tomado el derecho de arbitrarlo todo. Y como en el fútbol, el arbitro es quien da por terminado el partido.

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